Solidaridad

Hoy
padezco por
todas las personas
que se preguntan
qué hay
mejor
que cualquier pasado

y no tienen tus brazos
para contestarse.

Llenaste la casa de flores

Llenaste la casa de flores. Apareciste como una bendición, la que lo es más por inesperada. Cautivaste cada rincón, ordenado como habrás visto, absorto en tu presencia por si no lo notaste. La casa está linda, viste. Cuánto más cuando la respirás conmigo. Me había dejado olvidado entre los renglones que los ceniceros llenos y sucios podían significar otra cosa que la indolencia y las noches aniquilando la soledad, atando la desidia, bebiendo la mentira trago a trago. Tenía desdibujados tus matices, tus manos, tus gestos. Había una cortina de cenizas entre tus ojos y los míos, esos animalitos que se miran y se rehúyen, que dicen verdades silenciosas, las mejores verdades que podemos escuchar, el cariño profundo, el estamos bien acá y así y no hace falta decir más nada ni hacer ningún movimiento torpe que lo arruine todo. No pienso que vayas a volver, entendeme. No tengo el anhelo depositado en ningún sobre que vaya a parar a ningún buzón, solamente disfruto de las flores que dejaste, de las escuetas caricias que no me diste pero estaban ahí dando vueltas, de tus nervios, o los míos por habitarnos en el metro cuadrado otra vez después del llanto que pude calmarte a fuerza de que lloraras cuanto quisieras. Los ambages no fueron necesarios, no existió lo intrincado, sólo diafanidad en los ojos. Me había olvidado de que podíamos eso. Llenaste de flores la casa, entendeme. Hoy se respira distinto.

Engaños

Quién dijo
que podía caber en sus hojas
quién dejó que creyera
que a través de lo efímerose puede olvidar.

Quién te permitió
ponerme por escrito

y quién nos convenció
de que trazando
palabrascede el tiempo

Venir a descansar

Pero vos tenés esa gran virtud que es la consideración. Porque pedirme que no te pensara hubiera sido desconsiderado, casi cínico. Y ahora todo pasó a segundo plano. Cuando se presenta la tragedia, la griega o la porteña, bordeando la propia vida, el orden se hace espacio a fuerza de gritos y espabilos, y cada cosa deberá ir a parar a su lugar. Yo empecé por casa, si vieras qué linda está. Pero entonces la dramaturgia del olvido, la representación gráfica y soñadora de este sentimiento tan inútil y fracasado necesita irse a descansar. Hay otras cosas en qué pensar, como por ejemplo en que estés bien, que tengas a quien te arranque la sonrisa de corso de carnaval en el momento oportuno, o te haga agarrarte la cabeza perdiendo el equilibrio en la paciencia, apeándote de las ganas de asesinar, con esa impulsividad que te caracteriza y nos deja del otro lado del teléfono con un tono intermitente que anuncia sin preámbulos que la conversación ha terminado porque vos lo decidiste. Pero te extraño. Aunque la tristeza esté de gira y hablemos en voz baja para que no vuelva antes de tiempo, acá hay otras cosas que te acusan de ausente. Todo necesita descansar ahora. Y si también necesitaras descansar, no sabés qué linda está la casa.

No te muevas

No te muevas
estoy terminando de dibujarte
las líneas