Es un hueco en el estómago
que adviene un estertor
es una jugada impiadosa
desconsiderada
un recuerdo suyo
que no puedo explicar
exactamente
de dónde salió
Lo que viene
Lo importante no sería este estar sentada frente al piano a las 5.45, ni el soliloquio de madrugada de lunes anegado por la corriente que dejaron ciertos adioses. No sería la falta de paz que reflejan mis insolvencias al desnudo, mi incierta búsqueda de calma, la fría certeza de estar en el lugar correcto. No sería esta pereza lejos de compartirse otra vez, el café sola pero bien acompañada, este silencio revelador, la libreta sobre el escritorio; no podría ser tampoco la tristeza mentirosa bajo el efecto del alcohol, que contrabandea recuerdos que ya quiero depositar en el sótano de una vez por todas y hasta siempre pero sin el cariño, bien etiquetado aquello a lo que no se vuelve. Lo importante no puede ser esta detestable sensación de fin del mundo que de a ratos entrecorta mi respiración, el tren que no para en ninguna estación, los andenes repletos y en ningún lado yo. Lo importante no puede ser otra cosa más que este sol cumplidor saliendo hoy, como ayer, seguro mañana, alumbrando los edificios, el piano, mi cara, lo que viene.
Tarde
Tenía una antorcha en las manos, un fuego primitivo, caluroso, un arrojo de confianza, un signo de pregunta insignificante en el hubiera; un paroxismo que quizás contenía todas las futuras cenizas de una materia que ya no sería sino lo que me llevara a vos otra vez. Tenía el valor para abandonar cualquier otra posibilidad en el horizonte, amarte otra vez y de la mejor manera que me lo permitieran los rincones desahuciados de mi corazón, los rincones donde habita hasta el desencanto y dejarme curar por vos. Sentía un vigor proveniente de otras vísceras, no mías y mías, abandonadas de cálculos y especulaciones. Comprendía la gravedad de lo que estaba por hacer, quemar las naves negaba cualquier posibilidad de retirada. Quemar las naves era quedarme irremediablemente con vos, aunque no quisiera y aunque tarde descubrí que te quiero en un total general. Tarde es la palabra maldecida y relegada a lo que no será por destiempo. Y te quise, cuanto pude y como pude porque fuiste la bendición hilarante de los días brumosos, la amorosa estupefacción cuando resolví en llanto sin previo aviso los dolores que mejor camuflados tengo. Perdón por las noches que no fueron por indescifrable, yo con mis mundos atiborrados de ideas, contenidas en dos o tres metáforas que no alcanzan para revelarme y entiendo que no entiendas. Tenía una antorcha en las manos, realmente era ese fuego primitivo, caluroso y arrojado de confianza.
Alcen velas que nos vamos.
Alcen velas que nos vamos.
Descarríos
Hubo una verdad
descarriada de otras
verdades que no te
permitieron ver
acá en este rincón
del mundo
podíamos
quizás fue una distracción
descarriada de otras
distracciones
la que mostró con crudeza
esta terraza abandonada
por donde te fuiste
descarriada de otras
verdades que no te
permitieron ver
acá en este rincón
del mundo
podíamos
quizás fue una distracción
descarriada de otras
distracciones
la que mostró con crudeza
esta terraza abandonada
por donde te fuiste
La paz en tus párpados
Irrumpe la paz en tus párpados. Todavía queda un poco de luna afuera, pero en cualquier momento el sol va a empezar a pintar los edificios que decoran la ciudad. Dormís. Te miro. Tu respiración es serena; tu expresión, apacible; mi pulso lleva tu ritmo, mis ojos te recorren como si este fuera un permiso concedido por única vez. El silencio es centinela de nuestra noche, celador de nuestros tequieros.
En un rato me vas a pedir con mucho esfuerzo que baje la persiana, esa manía que tengo de dormir casi a la intemperie y dejarme anunciar por la epifanía de la luz que el día empieza a tu lado. Si abrieras los ojos en este instante, me encontrarías mirándote como la primera vez. Desarmada de nostalgias, confinada a tu corazón me sorprende el albor que hecha las penumbras por la puerta de atrás. Si abrieras los ojos en este instante me verías casi lagrimeando como una huérfana de recuerdos con su más preciado bien, el presente. Comienzan los primeros movimientos en tu cara, los primeros encuentros con la realidad y esa luz impertinente que te trae de vuelta sabe Dios de qué sueño. Antes de que digas nada me levanto y bajo la persiana, lo agradecés con una sonrisa perezosa que conozco muy bien. Vuelvo a tu lado, me abrazo a tu descanso. Descanso con vos.
En un rato me vas a pedir con mucho esfuerzo que baje la persiana, esa manía que tengo de dormir casi a la intemperie y dejarme anunciar por la epifanía de la luz que el día empieza a tu lado. Si abrieras los ojos en este instante, me encontrarías mirándote como la primera vez. Desarmada de nostalgias, confinada a tu corazón me sorprende el albor que hecha las penumbras por la puerta de atrás. Si abrieras los ojos en este instante me verías casi lagrimeando como una huérfana de recuerdos con su más preciado bien, el presente. Comienzan los primeros movimientos en tu cara, los primeros encuentros con la realidad y esa luz impertinente que te trae de vuelta sabe Dios de qué sueño. Antes de que digas nada me levanto y bajo la persiana, lo agradecés con una sonrisa perezosa que conozco muy bien. Vuelvo a tu lado, me abrazo a tu descanso. Descanso con vos.
Sincerarnos
Tengo que sincerarme. Mientras intento conciliar el sueño me distrae la melodía indescifrable que canta tu voz en la excursión que atraviesa el living y llega a la cocina en busca de una de las tantas botellas de agua que guardo en la heladera no sé por qué. Tantas, no sé por qué tantas, pero están ahí para que encuentres cuantas quieras encontrar y me traigas a mí también que muero de sed de a ratos, sobre todo cuando no estás. Quizás pasan tres minutos que se equiparan a la eternidad de lo que vendrá, de lo desconocido, pero volvés, es tan bueno verte volver, volvés como te fuiste, con la naturalidad del cuarto de al lado, de que serán las ocho de la mañana y domirás tranquilamente mientras me abrazo a vos como a aquello que me salve del naufragio en medio del océano. Pero sos mucho más que eso, tenés que saberlo, no podés dudarlo, tengo que asegurarme de que así sea. Tenés que entender que sos todo lo mucho más que podés ser, que esta náufraga sólo sentirá el malogro si siendo este el amor al que vuelven todas las palabras, donde los silencios pierden su esterilidad y coinciden nuestras filias y fobias, los daños y los reparos de mi corazón que sana en tus manos, revive en tus besos y calma en tus brazos, del tuyo que subleva los infortunios en mis ojos, desoye la voz que me arrastra a aferrarte a mi vida cuando el vendaval amenaza con sacarte de esta aventura de querernos siempre nuevamente, si desoís el grito desde el fondo del recelo que dice que acá conmigo estás bien. Tengo que sincerarme con vos, tengo que decirte que los centímetros son metros de tanto en tanto, que hoy casualmente son kilómetros y no estás a la redonda. Que tengo sed y no escucho la melodía, inusual falla en mi memoria, que me la saque, que no te veo venir en las penumbras intentando hacer pie para no tropezar con la improvisada mesa de luz. Tenemos que sincerarnos, no creo que estos corazones resistan una partida más. Creo que debemos enfrentar el hecho de que la próxima vez que vuelvas, será para toda la vida.
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