La paz en tus párpados

Irrumpe la paz en tus párpados. Todavía queda un poco de luna afuera, pero en cualquier momento el sol va a empezar a pintar los edificios que decoran la ciudad. Dormís. Te miro. Tu respiración es serena; tu expresión, apacible; mi pulso lleva tu ritmo, mis ojos te recorren como si este fuera un permiso concedido por única vez. El silencio es centinela de nuestra noche, celador de nuestros tequieros.
En un rato me vas a pedir con mucho esfuerzo que baje la persiana, esa manía que tengo de dormir casi a la intemperie y dejarme anunciar por la epifanía de la luz que el día empieza a tu lado. Si abrieras los ojos en este instante, me encontrarías mirándote como la primera vez. Desarmada de nostalgias, confinada a tu corazón me sorprende el albor que hecha las penumbras por la puerta de atrás. Si abrieras los ojos en este instante me verías casi lagrimeando como una huérfana de recuerdos con su más preciado bien, el presente. Comienzan los primeros movimientos en tu cara, los primeros encuentros con la realidad y esa luz impertinente que te trae de vuelta sabe Dios de qué sueño. Antes de que digas nada me levanto y bajo la persiana, lo agradecés con una sonrisa perezosa que conozco muy bien. Vuelvo a tu lado, me abrazo a tu descanso. Descanso con vos.

2 comentarios:

Ángel Calderón dijo...

Tu texto es paz y ternura.
Precioso.
Un abrazo de un Mallorquin.

Eusebia Florestán dijo...

Paz y ternura es el descanso.
Gracias por subir.